Una calurosa mañana primaveral de finales de mayo nos ha invitado al Fusta y a mi a echarnos al monte en busca de una bonita ascensión. Después de cotillear croquis donde encontrar el objetivo de la jornada, el cual debe cumplir ciertos requisitos de soledad, originalidad y ambiente, nos decidimos por poner proa hacia Peña Cagás, un risco de buen porte que aflora en el extremo oriental de la Gran Cañada y al que se accede tras una agradable aproximación por la Senda Maeso.
Hemos elegido la vía llamada Gran Diagonal que según el detallado croquis de Vía Clásica sigue un evidente sistema de diques con una marcada tendencia diagonal, lo que ha derivado en su nombre. El trazado, marcadamente natural, de la ruta se divide en dos tiradas de graduación cercana al 6a, aunque depende de las referencias, la dificultad puede bailar entre el V+ y el 6a+.
Nos dividimos los largos, yo el primero y Fusta el Segundo, nos armamos con algo de artillería y empezamos la ascensión.
Empiezo por una pequeña placa hasta un clavo que se sitúa justo al comienzo del prominente dique, el cual seguiremos toda la vía. Unos metros más hacia la derecha está el paso más tonto del largo y de los peores de la ruta. Está protegido por un spit y se trata de superar en travesía un pequeño murete muy vertical de los que tiran para atrás con los pies en adherencia. Después de negociar unos minutos, la dificultad disminuye y la vía se convierte en una pista de carreras muy, muy disfrutona. Algún aleje simpático le da un poco de glamour al asunto, hasta que llegas a una especie de cortado. Aquí hay otro pasito tontorrón, que se supera destrepando por un lado y encaramándose al otro. La verdad es que le resta algo de continuidad al largo pero, a su vez, le da un toque alpino muy peculiar, de esos que te hacen sentir como un señor montañero. Desde allí, se continúa hasta la reunión sin más problemas.
La verdad es que no recuerdo la exposición del largo, imagino que sería porque se deja disfrutar, pese a la escasez de emplazamientos para friends. Así que no supuso mayor problema escalar con un buen puñado de metros de cuerda bajo los pies.
Tras unos minutos Fusta llega a mi vera y se prepara para encarar su largo, sin duda el más bonito de la vía. Primero hay que destrepar una especie de chimenea escagarrurciada por los buitres para enlazar con una placa que conduce a un reluciente spit o parabolt. Está sección es algo trabajosa y nos hizo dudar un buen rato, por lo que decidimos descolgar al primero hasta que estuviera cómodo y acometer la escalada desde ese punto. Además, la placa hasta el seguro es bastante fina, y la chimenea cagada parece estar esperando algún escalador torpe para llenarse el buche con su pellejo. No obstante, el Fusta supera el paso y se encamina por el dique, que en este punto se divide en dos. Nosotros seguimos la ramificación de abajo hasta alcanzar la maraña de setas que se ve al final. No obstante, el croquis anterior parece indicar que hay que encaramarse al dique superior, sin llegar a las setas.
Antes de llegar a esta colección de "cantos" queda superar el último desafío de la Gran Diagonal. Se chapa una reunión correspondiente a otra vía y se procede a ejercitar el sentido del equilibrio y la capacidad de estiramiento de nuestro cuerpo, con el objetivo de evitar una sección donde el dique ha quedado reducido a una mancha en la pared. Una vez superado este pequeño escollo sólo queda disfrutar de los caprichos del granito. Seguimos por el dique inferior hasta situarnos en la vertical de la escalera de "setas", la cual nos conduce a la reunión final de la escalada.
En mi opinión, cotaría la vía de V+ en su primer largo y de 6a en su segundo, teniendo en cuenta que la continuidad es escasa y la dificultad se concentra en tres o cuatro secciones.
Tras un apretón de manos y algunas impresiones, muy positivas, de la vía y de nuestro reencuentro clasiquero, emprendemos en descenso, el cual te dejará en la seguridad del suelo en dos rápeles muy agradables.
Después de tomar agua y comer algo, toca hacer algo muy importante. Red Montañas está recopilando las fotos para su iniciativa "Montañas en Red-2012", la cual pretende sensibilizar a la sociedad y a la clase política de nuestro país de la importancia que tiene que se dicten políticas activas de protección y conservación de los entornos de montaña nacionales. Nosotros queremos homenajear a nuestra querida Pedriza haciéndola partícipe de tan honorable misión!
Para finalizar, comentar que la Gran Diagonal es un viote que cumple todos los requisitos de un montañero clasiquero. Una vía totalmente natural, que busca las debilidades de la roca, en un entorno tranquilo y asalvajado, lejos de las aglomeraciones que se generan en algunos sectores de La Pedriza. Así que os recomendamos a todos un paseo por la zona y una bonita escalada en este risco!
Después de demasiado tiempo alejados de nuestro particular y hermoso jardín pétreo, Alfredo y yo mismo (Rodro), enfilamos hacia uno de sus riscos más emblemáticos: el Cancho de los Muertos.
Este curioso afloramiento granítico ocupa un lugar privilegiado en el valle que corta la Pedriza, lo que lo hace perfectamente visible desde casi cualquier punto del parque. Además, la caprichosa morfología del picacho, semejante a un tornillo, invita a nuestro ojos a posarse en su cara sur. No somos los primeros...su nombre viene, cuenta la leyenda, de la infame costumbre que tenían los bandoleros que habitaban el laberinto pedricero de arrojar desde su cumbre a traidores y demás víctimas. Si es cierto, tenían madera de escaladores!
La idea es meter algún cacharro en una de sus vías más clásicas, la Sur Clásica (V), y después seguir con alguna más complicada.
Tras el pateo de rigor, en el que noto la pérdida de forma, a diferencia de Alfredo que va como un gamo, organizamos el material para la ascensión, disfrutamos de la perspectiva que ofrece este delicioso balcón pedricero y mi compañero se lanza al ataque.
viaclasica.com
La vía es muy obvia y recorre en dos largos la cara sur del Cancho enlazando las debilidades estructurales de la pared. Así pues, la ascensión comienza por un canalizo bien amplio y que se protege estrangulando una seta. Desde este punto la tónica es similar. Pasito en oposición, buenos emplazamientos para los seguros flotantes, algún taquito de madera y clavos añejos nos transportan a los años de la nostalgia.
Alfredo resuelve con determinación y tomándose su tiempo. Es necesario desoxidar las cualidades del escalador tradicional. Encontrar el lugar correcto para protegerse, elegir el tamaño de friend adecuado, etc. Así que, despacito y con muy buena letra Alfredo asciende hacia nuestro objetivo.
Después de esperar un ratito me toca subir y los nervios me ponen a escalar en modo turbo. Voy evaluando los friends metidos por mi compañero (a petición suya) y disfrutando de un largo encantador y sencillo, cuando me doy cuenta de que casi se acaba la pared y aún no he llegado a la reunión. Que se encuentra encima de un pasaje algo más vertical pero con buenas presas.
Efectivamente, el segundo largo, el mío, es apenas una placa de adherencia de 5 metros, con dos chapas y algunos tallados. Sin demasiados problemas supero la sección más complicada de la vía y en escasos 10 minutos ya estoy recuperado a Alfredo para compartir las sublimes vistas de la Pedriza con mi compañero.
Hemos disfrutado de la escalada, que aunque corta ha sido satisfactoria, sobre todo tras un años sin meter un friend en el granito de nuestra querida Pedra. Nos quedamos un ratito en la cumbre y montamos el rapel, que tras poquitos metros te deja a pie de la cara oeste del risco, donde comenzaremos el destrepe hasta el pie de vía.
Sin duda, la Sur Clásica del Cancho de los Muertos puede meterse en el saco de las vías de iniciación a la "clásica". Es muy recomendable para este cometido, pues es muy segura y fácil de proteger, contando con expansiones en su tramo más técnico. Además, al bajar se puede combinar con vías de deportiva o alguna otra clasicorra del risco.
Por todo esto, el Cancho se merece otra visita, esta vez con ojos puesta en su "Delicia francesa".
Buscando uno de estos motivantes videos de montaña, concretamente "Ritmo Latino en el Cerro Torre", me topé con esta joyita de web, que algunos compañeros se han trabajo y nos han ofrecido. Grandísimo agradecimiento para ellos y nuevas oportunidades para nosotros!! Muchas gracias a Videos de Escalada. Pongo solo una selección de escalada tradicional inglesa. Para ver más, ya sabeis donde ir.
Committed: un poco de estilo británico para quedarnos sin aliento.
Psyche: más desfase isleño, esta vez repartido en deportiva futurista, tradicional suicida y patagonia invernal. Otra maravilla bretona.
On Sight: más colegas bretones haciendo de las suyas asegurandose con chinchetas. Al loro con el chaval de la vía del lance. Increible!!!
Después de esta inyección de motivación toca inspirarse y apretar!!!
La luz del Sol baña las creativas formas pedriceras en esta mañana de febrero. Calienta la roca, algo que en otras ocasiones no nos preocuparía tanto, pero nuestro objetivo del día, el Espolón Soplapollas, requiere de una temperatura óptima para la adherencia, pues la escasez de seguros que osteta esta vía no permite muchas caídas. Tras dos horas de caminata, con las pérdidas obligatorias, llegamos al risco de las Oseras. Un conjunto de espolones individualizados por juegos de fisuras. Con un granito muy vertical, de grano grueso y caprichoso. La única pega es la altura del peñasco, al que le faltarían unos largos más para ser uno de los mejores riscos de La Pedriza. Rápidamente, el Fusta y yo nos ponemos manos a la obra. Comienzo el primer largo, bastante largo y protegido por un puñado de bolts, eso sí, de buena calidad. Este largo es una maravilla de tensión y técnica de la adherencia. Su dificultad es de 6a+, bien aderezado de factor psicológico. Según surcas la llambría van saliendo pequeños relieves por los que progresar, aunque la concentración y la calma serán herramientas imprescindibles para lograr escalar este intenso largo.
El segundo largo se gana Fusta. 6a disfrutón, técnico y expuesto. Por el que subir gozando del Espolón Soplapollas sobre sus balmas y microaccidentes topográficos, que con atino permiten ascender hasta la tercera reunión.
Desde este punto muchas cordadas acaban la escalada, como atestigua la colocación de maillones rapelables en la reunión, sin embargo, queda un último largo de V. Esta tirada comienza con un pequeño resalta de dificultad antes de perder verticalidad, hasta alcanzar un árbol donde montar reunión.
Para bajar será necesario destrepar por una canal que discurre a la derecha, según descendemos, de un 6b, en un punto concreto aparece un resistente puente de roca, recién equipado, por el que, utilizando cuerdas de 70 metros, rapelamos directamente hasta el suelo. Tras esta mítica vía pedricera, Fusta y yo estamos muy contentos, por haber escalado la famosa ruta y por haber descubierto un rincón de gran belleza que era desconocido para ambos. Comentamos los pormenores de la escalada mientras organizamos las mochilas y decidimos bajar a Cantocochino por un camino que lleva directamente al Tolmo, un maravilloso sendero para recorrer al atardecer, con el arroyo cantando a nuestro costado y las cascadas congeladas brillando a nuestro paso. De esta guisa llegamos sonriendo al coche, el final y principio de futuras aventuras.
En agosto de 2009 la cara oeste del estético monolito calcáreo conocido como Naranjo de Bulnes, vio como los hermanos Pouabrían una vía que pasará a la historia: Orbayu. Hasta la fecha puede considerarse como la ruta alpina más complicada del mundo. Pues no solo su dificultad (8c+/9a) se interpondrá ante los aspirantes y la satisfacción de contemplar el panorama cumbreño, también los harán los potenciales vuelos de 25 mts, los seguros de dudosa reputación y, por supuesto, la meteo de Picos. Dos meses de pruebas, muchos metros de vuelo sin motor, sudores fríos y gritos tuvieron que pasar los Pou hasta conseguir su objetivo. Así, tras ocho horas de ardua escalada lograron coronar el Picu por su nueva vía, Orbayu, que además ostenta el título de ser la más difícil del planeta.
El otoño en la Pedriza coincide con el final de la lista de aspiraciones verticales que mi compañero Fusta y yo firmamos hace casi un año. Bajo el rutilante follaje otoñal de los robles, que luchan por hacerse un lugar entre las enjutas coníferas, seguimos el tumultuoso arroyo que bordea la autopista de la Pedriza. Vamos hacia la Peñalarco, uno de los riscos más caprichosos de este museo geológico. Se trata de un arco de roca granítica que desafía a la gravedad con soberbia insolencia y que cuenta en su espolón con uno de los recorridos de mayor belleza y leyenda de este rincón serrano. Su expuesta y voraz chimenea de entrada ha amilanado a más de una cordada y, aunque la dificultad técnica de esta no sobrepasa el V grado, será necesario realizar un ejercicio de valor para superarla. Por fin estamos ante nuestro reto del día, la vía Fulgencio o Espolón del Hueso, nombre con que los escaladores conocen al monolito. El itinerario marca una dificultad máxima de v+/6a en su segunda tirada, sin embargo, la principal penalidad reside en reptar unos 18 metros hasta el único seguro fiable que presenta su primer largo, la famosa chimenea. Mi compañero Fusta es el encargado de lanzarse a la lucha. Se encaja entre el gran arco y la llambría y empieza a ascender como el instinto mejor se lo indica. A los pocos metros existe la posibilidad de asegurar con un alien, pero solo será providencial para la psicología del escalador. Fusta vence estos claustrofóbicos metros hasta que la estructura pétrea cede verticalidad y es posible salir de sus fauces para ascender en oposición cómoda y con sendos reposos. Esta sección del largo es agradable, aérea y la más recomendable. Hasta alcanzar el único spit que surge oportunamente antes de enfrentar los movimientos más penosos y complicados. Es necesario volver a introducirse en la chimenea, pero el granito muestra pocos relieves así que manos, piernas y espalda tendrán que trabajar duramente para arrastrarse, mientras ganamos altura y alcanzar la reunión.
Ahora es mi turno de enfrentar al Hueso, me toca el estético segundo largo. Escenario de míticas y hermosas fotografías pedriceras. Este discurre insolentemente por el espolón de la formación granítica. Primero escalo hacia una fisura muy clara que recorre el flanco izquierdo, utilizo un Camalot del 3 para proteger el paso. Posteriormente, ya a lomos del Hueso, sigo recto persiguiendo la seguridad de los spits hasta situarme bajo un pequeño techo de forma triangular. Meto los dedos en los agujeros de su base, probablemente labrados por el trajín de las clavijas que pusieron otros antes de que nosotros pasáramos por aquí. Poco a poco, luchando contra la verticalidad de la sección, continuo ascendiendo. Localizo otro resto de las aventuras pasadas, unos tallados. Sin utilizarlos logro superar el tramo para arribar a la seguridad del relevo. Contemplando los colores que el otoño deja en la Pedriza, aspirando el refrescante aroma del arroyo y escuchando las plumas de los buitres cortar el frío de noviembre aguardo a que llegue el Fusta.
Es una pena que los siguientes largos pierdan entidad, sin embargo, no olvidemos que bajo nuestros pies quedan dos tiradas maravillosas, con una personalidad apabullante, donde habrá que desplegar nuestras mejores artes, tanto corporales como mentales. Fusta vuelve a la carga. Con la tranquilidad de haber dejado atrás lo más complicado se sumerge en una placa tumbada, protegida por algún parabolt solitario, que desemboca en un mar de setas rocosas donde agarrarse y ahorcar con cintajos.
Nuestro último largo del día me lo doy yo. Un murete verde surcado de buenos asideros y con algunos seguros. Una tirada para disfrutar de la atmósfera que nos envuelve, sonreír por la escalada que queda en nuestro recuerdo y agradecer el hermosos momento que hemos compartido atados por la cuerda.
Una vez asegurados en la reunión, nos felicitamos por la escalada, comentamos los largos que hemos escalado y fantaseamos con las próximas y futuras aventuras montañeras que nos esperan juntos. Aunque el Hueso no posea una cumbre alzada al cielo, la belleza del itinerario y la singularidad de su naturaleza convierten a la Fulgencio en una de las vías más hipnóticas de la Pedriza.
Desde la siguiente reunión existen dos opciones. La primera, es seguir un largo más para después rapelar por las vías que dejamos a nuestra izquierda. La segunda, la que nosotros elegimos, hacer una travesía, expuesta pero fácil, para ganar una reunión que se vislumbra a nuestra derecha. Perteneciente a la línea que sigue la vía Lucas, esta opción nos depositará después de un espectacular rapel de 60 metros en el suelo. Todo un lujo para terminar una de las ascensiones más míticas de nuestro particular vergel geológico.
Son las 9 de la mañana y, por fin, despúes de varios escarfeos con largos dudosos, hemos encontrado el auténtico comienza de esta vía al Urriellu. La Regil, serpentea por el hombro hasta enlazar con la Pidal-Cainejo, surcando casi 700 metros de trazado por la cara NO del mítico monolito calizo, sin superar, en teoría, el quinto grado. Sin duda es una ruta que otorga notoriedad a la vía normal de la cara norte, con la que se inicio el alpinismo de dificultad en nuestro país, así que medirse en sus canales, llambrias y chimeneas era una experiencia alpina que, ni Fusta, ni yo, podiamos dejar de vivir. Gracias a una cordada que venía por la pedrera ubicamos el comienzo de la vía, justo encima de las repisas herbosas, al amparo de una pequeña oquedad. Esta primera tirada asciende por una vira descompuesta formada por angulosas piedras colocadas una sobre otra. La configuración de las mismas permite numerosos puntos de seguro pero la fiabilidad de la roca es más discutible.
Es mi turno de lidiar con el Naranjo, el segundo largo sube por un espolón sencillo en línea recta. Desde que empezamos la escalada nos empecinamos en buscar una travesía descendente que da acceso a la canal que divide en dos el hombro, pues según nuestro croquis (nada fiable, por cierto) ya tendríamos que empezar a desplazarnos hacía la izquierda. Llego a una reunión equipada con clavos, como todas las del recorrido, y Fusta sube a mi encuentro. En este punto la cordada predecesora nos pisa los talones y entre todos logramos vislumbrar el camino entre tantas supuestas posibilidades. Tercer largo, mi compañero hace varios intentos de acceder a la canal que, tentadora, aparece a nuestra izquierda, pero todos sus intentos son infrutuosos y decide volver a la reunión para probar suerte saliendo hacía arriba. Gran error. La escalada se torna complicada y de difícil protección, sin embargo, un clavo colocado estrategicamente permite a Fusta descolgarse hasta mi posición. Trás un pequeño receso, vuelve a la carga, justo en el momento en que aparece un escalador de la otra cordada. Mi compañero esta fuera de nuestro campo de visión y solo escuchamos sus negativas a la pregunta de si ha descubierto la dichosa travesía. De repente nos comunica que ve una reunión en lo alto a la que se accede por una chimenea-canal, el escalador que comparte reunión conmigo me dice que vayamos por ahi, que es la vía Carletto Re, de la misma dificultad y con igual objetivo que la Regil, así que, trás una voces al vacio, mi ávido compañero se lanza a su resguardo. Pasan interminables minutos hasta que escucho el familiar y reconfortante llamado de reunión.
Que sorpresa!!el largo que me toca recuperar es difícil y fatigoso, encajonado en una fisura ancha, chimena, algo desplomado...le grito al Fusta que como ha subido por ahí, que obviamente no es el largo que nos tocaba. Ya verás que marrón!!! La reunión esta en un nicho y tiene dos clavos nuevos unidos por cordinos nuevos y un maillón, presumiblement alguien se ha visto en una situación similar a la nuestra. Vista la predicción del siguiente largo, en el que caso de que siguieramos por esta variente, decidimos rapelar a la canal que ahora tenemos bajo nuestros pies. Preparamos la maniobra y baja mi compañero. Nada más descargar su peso observo que la ecualización está mal calculada y toda la fuerza es recibida por un solo clavo que se retuerce con los leves tirones del Fusta. - Baja despacito...- le grito. - Mira, debe ser por ahí.- Me grita Fusta. - Tu baja, que lo discutimos en la reunión... Después de unos segundos, que se tornaron horas, llego hasta mi compañero y le cuento el percal mientras me preparo para la siguiente tirada. En principio, sin difcultad y muy evidente de seguir, pues ante nosotros se eleva una canal bastante vertical pero bien dotada de agujeros y cantos por los que progresar. Subo confiado y agil, pero la canal va ganando verticalidad y perdiendo facilidad, depués de muchos metros ganados intuyo sobre mi cabeza un techo que parece estar roto en su parte superior por lo que deduzco que existiran asideros contundentes para vencer el aereo paso. Los vestigios roñosos van surgiendo metro trás metros, me aseguro a un último y cochambroso clavo antes de acometer el paso complicado. En una fisurilla alcanzo a colocar un Alien amarillo. Subo las manos por encima del techo y descubro que mis esperanzas eran vacias, la roca es lisa, aferro como puedo un pequeña regleta y tiro de ella con todas las fuerzas que me quedan, cuando empiezo a remontar el escoyo, los pies pierden adherencia y vuelo por los aires. Trás el estupor de capitular ante la gravedad preparo la maniobra para descender hasta una salida que vi a mi izquierda mientras escalaba y que, aparentemente, conduce al espolón del hombro, una sección de la escalada de III grado. Por fin, en terreno sencillo monto reunión y me junto a mi compañero. Han pasado muchos minutos desde que sali de la reunión, parece que llevamos escalando la vida entera. Ensamblamos hasta la grandísima repisa del hombro, donde aprovechamos para relajarnos, comer y beber algo antes de acomenter los últimos largos, pertenecientes a la Pidal-Cainejo. Son cerca de las 4 de la tarde, llevamos cerca de 7 horas de actividad y queremos terminar cuanto antes, dejar de lado la incertidumbre que se vive en la reunión mientras el compañero otea el sendero vertical. Fusta se lanza a un largo sencillo y panorámico, que busca el comienzo de la gran chimenea de la norte.
El próximo largo es para mi, una hazaña histórica, pues avanza a través de una placa con clavos y pocas posibilidades de autoprotección. Es alucinante la maña y el coraje que echaron los primeros ascensionistas. Queda un largo precioso, bien protegido y muy alpino.
Por fin la chimenea de salida. Este largo tiene el paso más complicado de la Pidal-Cainejo, la famosa Panza de Burra (V). Sigo a la cabeza, mi compañero esta un poco saturado y no tiene muchas ganas de arrastrarse, además el experto come-chimeneas soy yo. Empieza la sección escalando en oposición y asi continuo hasta superar el escoyo, la verdad es que no me di ni cuenta, sería la ilusión de perdernos más y de alcanzar la cumbre dentro de poco. Es un largo bonito, aunque menos impresionante que la placa anterior.
Último largo antes de las canales de salida, Fusta a la carga. El comienzo es sencillo y tumbuda, sin embargo, el final de la tirada es vertical y tiene que superar un pequeño saliente de roca. Mi compañero lo pelea con exito y maestría, aunque las horas de escalada pesan y se deja escuchar algún resoplido de estraperlo.
Mientras Fusta escala veo aparecer en el hombro a la cordada que venía a nuestra zaga, han salido con casi dos horas de retraso, les grito que como están y me contestan que han llamado al helicoptero, pues uno de los integrantes parece haber sufrido una pájara y esta mareado y vomitando. Cuando mi aguerrido compañero monta la reunión llega el estruendoso aparato. Os aseguro, que escalar con la sensación de que gente con la que has vivido algunos momentos en pared esta siendo rescatada no es nada estimulate, no obstante me alegro mucho de que todo haya salido bien.
Cuando llego al relevo el asunto parece perder peso, la inclinación de lo que nos queda anuncia el final de las dificultades. Decido subir encordado pero deprisa, es decir, poniendo pocos seguros, a no ser que la cosa se ponga fea, a estas alturas no estamos para confiarnos, sin embargo, estiro los 60 m de cuerda y monto una reunión para que venga Fusticiero. En este punto solo queda trepar hasta la arista, asi que nos desencordamos y empezamos a subir por lo que parece más evidente, de pronto y para nuestros mellados ánimos aparecen dos posibilidades, una canal a la izquierda o seguir recto por una chimenea poco alagüeña, gracias a nuestro horrible croquis, nos decantamos por salir a izquierdas. Trás 50 metros de trepada estamos ante un callejón sin salida, nos paramos a repasar el plan minuciosamente y escogemos destrepar y escapar, a estar alturas estamos huyendo del Picu, por la posibilidad que desechamos anteriormente.
Esta vez si!!!hemos dado en el clavo y salimos a la arista con unos minutos de diferencia, los últimos metros hasta la cumbre son algo diferentes a los acometidos durante nuestra ascensión a la Cepeda, estamos rendidos y euforicos a la vez. Una fotillo, una sonrisa, disfrutamos frugalmente del atardecer y sus vistas, pues son las 7 de la tarde, y preparamos el descenso.
Muy de nuestro agrado nos encontramos con dos cordadas asturianas que nos proponen unir cuerdas para acelerar los rápeles de la sur, aceptamos sin dudar. Es reconfortante y precioso comprobar como después de una aventura como la nuestra hay gente desconocida que te anima y felicita, evaporando los nervios y solidificando los verdaderamente válido del juego.
No cabe duda de que la Regil es una aventura no apta para todos los públicos, su dificultad no estriba en la técnica sino en la intuición, nosotros fuimos capaces de desplegar nuestros institos y aptitudes para realizar con éxito la ascensión, pero no me atrevería a recomendar esta vía a cualquiera, a no ser que este dispuesto a vivir una gran aventura que exige motivación, energía y paciencia.
Al atardecer, Fusta y yo, nos ponemos en marcha para escalar otro de los riscos clásicos de la Sierra de Guadarrama, el Peñotillo. Además cuenta en su haber con la reputación de sustentar en sus paredes la escalada más alpina de la comunidad. Después de abastecernos de agua para la aventurilla intentamos llegar al parking siguiendo las pobres indicaciones de la guía, que por estar Navacerrada de fiestas no nos sirven de mucho. Por fin, La Barranca. Me sorprende la cantidad de gente que hay en el lugar, sobre todo domingueros que deciden tomarse el cafetito a la sombra del monte. Preparamos los bártulos rápidamente y nos ponemos en marcha. Primero atravesamos una presa hacia la izquierda y nos adentramos en un bosquecito de pinos silvestres. Dejamos este atrás para seguir los hitos que señalan un angosto caminito que serpentea hasta la misma vertiente sur del Peñotillo y de su vivac. Me llama la atención ver que los hitos de esta ruta están construidos con minuciosa arquitectura, sin duda, algunos podrían ser esculturas, es el camino de los hitos artísticos.
El sol ha dado paso a las estrellas cuando encontramos el vivac. Nos acomodamos como podemos, pues el espacio es reducido, y preparamos una suculenta fabada de bote. Importante reseñar que Fusta es la primera vez que degustará un plato de esta categoría y que se fue a la cama con buen sabor de boca. Tras la cena, un buen rato de charla anima la noche, mientras los fuegos artificiales de los numerosos pueblos que celebran sus fiestas patronales surgen del mar de luces naranjas que tenemos a nuestros pies. Hasta siete tandas de destellos multicolor pudimos ver aquella noche. Antes de dormir mi compi recibe la bienvenida por parte de los habitantes del lugar, no muy agradable, sustos y taquicardias nos son las mejores buenas noches. A la mañana siguiente algo ha pasado, el cielo esta completamente encapotado, el Sol ha dado paso a las nubes, el viento y el frío otoñal. Las ganas de escalar se van volando y comienzan a germinar las dudas, igualito que la vegetación invernal. Decidimos esperar unas horas a ver si la suerte nos acompaña y podemos escalar un poco. Ha habido suerte y algunos restos del añil cielo sobre nuestras cabezas nos convencen de empezar la ascensión. Se trata del Diedro Mogoteras (V+), una clásica del lugar y de la Sierra madrileña. Es una escalada muy corta pero con dos largos muy buenos, dentro de su grado. Así que bien se merece una pateada para repetirla.
El primer largo...en realidad, no llega a tanto, más bien se trata de una trepada de III grado que atraviesa, por un agujero, un bloque empotrado en el geométrico diedro.
El segundo largo es para Fusta. La guinda del pastel. Comienzas encaramado al lado derecho del diedro, ascendiendo por la placa, llena de buenos cristales y regletas. Entre movimientos mi compañero se desplaza a su izquierda para emplazar un friend. La tirada cuenta con un clavo a mitad del largo, aparte de el utilizamos camalots de 2, 3 y 4. Se trata de una escalada muy bonita, técnica, aérea y disfrutona, aunque es necesario manejar los nervios y visualizar bien los movimientos.
El segundo y último largo es para mi, un IV+ muy bueno. Es un poco más enredado que el anterior, pues ya sales de la guía que proporciona el diedro, es importante buscar el mejor camino. Primero asciende por un espoloncito con buenos cantos hasta plantarte a los pies de una fisura ancha y un diedro con un clavo cochambroso. Si se plantea la duda, siempre por el camino más fácil, a nuestra derecha aparece una serie de pies contundes, que a modo de repisa conecta con una fisura, ambas forman una especie de punta de flecha, es por ahí. Después de estos pasos llegas a un canalizo que en oposición se sube de maravilla. Al final de este montas reunión y solo queda trepar hasta la cumbre. Ya en la cumbre las nubes se han levantado y nos permiten contemplar una nueva panorámica del mundo de los humanos que no conocíamos. A nuestra izquierda esta la Maliciosa, que no parece tan amenazadora. Más allá la Pedriza, con su portentoso Yelmo que se alza furioso contra el cielo. Unas maravillosas vistas que deben ser vividas y recordadas por cualquier montañero madrileño.
Después de un ratillo en la cima bajamos rápidamente, primero siguiendo unos hitos y luego por la pedrera que separa los dos risco. En veinte minutos estamos en el vivac donde comemos y bebemos algo. Tras otra buena conversación, que ya será contada, sobre música, tiramos para abajo. Un bonito sitio donde escalar y contemplar un bello paisaje, lo ideal sería combinar varias vías porque si no la actividad se queda un poco corta, pero aún así se trata de una forma de escalar que no abunda en nuestra querida y humilde Sierra. Mucho monte!!!
Para ser fieles a la servilleta que Fusta y yo rellenamos de ilusiones al comenzar el año pusimos proa a los Picos de Europa, con la vista fija en el faro natural que es el Picu Urriellu. Así pues, con algo de preparación extra y motivación de sobra partimos con calma hacía la próxima aventura vertical, esta vez llena de leyenda y mito. Decidimos hacer la aproximación por Pándebano pues era el único camino que conociamos con seguridad, además de haber escuchado reiteradas veces que es el más agradable y menos cansador. Aparcamos en la niebla, preparamos los bártulos y, cargados de optimismo, comenzamos la larga aproximación. Trás dos horas y media, zetas y gotitas de agua cubriendonos por completo aparecio el refugio de la Vega de Urriellu, que parecia levitar entre las nubes. Por fin estabamos en el escenario de nuestro sueño montañero y aun no habiamos podido divisar al protagonista. La mañana siguiente estaba de resaca y la neblina del jolgorio atmosférico del día anterior aparecia pegoteada en las paredes del Naranjo, asi que nos decidimos por escalar la vía Cepeda, en la cara este del Picu, ya que aun siendo más dificil tambien es más sencilla de abandonar que la Norte. La jugada nos salió a la perfección. Esta maravillosa vía, obra de Udaondo y compañía, resuelve con elegancia el vertical escollo que supone esta vertiente del monolito calizo, evitando las máximas dificultades, asi pues en toda la escalada solo encontraremos un paso cotado de V+, que actualmente esta siendo estirado a 6a por algunos escaladores. Este famoso protector del este es conocido como "el rompetobillos". Partimos fugaces del refugio por la Canal de la Celada hasta toparnos de pleno con el fabuloso escollo que supone esta vertiente del Picu. Sin perder mas tiempo, pues varias cordadas nos persiguen me armo de cacharros y bajo la luz difusa del cielo emcapotado empiezo a escalar. Los primeros metros ganan altura progresando por una bonita y sencilla fisura que jalona la gran placa a la izquierda de la laja con forma de "Y". Su dificultad no supera el III grado ya que cuenta con numeroso asideros y grandes posibilidades de protección, aun así no conviene confiarse, pues es terceros son verticales y la emblemática montaña no regalada nada. Esta tirada finaliza al cegarse la anterior fisura, en ese momento tendremos que hacer un flanqueo a derechas para encontrar dos clavos en un nicho bastante amplio. La verdad es que posar las manos en la maravillosa caliza del Naranjo es una experiencia alpina de gran intensidad, la franqueza de la roca, su tacto y los movimientos que te obliga a ejecutar transforman la escalada en una bella coreografía con la montaña, es como bailar con la agresividad de la Naturaleza.
Fusta se encarga del siguiente largo. Este es mas complicado que el anterior (IV) y sigue una placa con cantos y eficientes adherencia siguiendo los lapiaces labrados por la constancia de las gotas. La dificultad de este largo estriba, como suele ser en las lisas llambrías, en descubrir la ruta y controlar los nervios cuando la seguridad escasea y el vacio te arropa. En cualquier caso, el comienzo de la chimenea que forman la gran laja con la imponente cara este marca la meta de este relevo de la Cepeda. No se que juegos del azar me obligan a escalar todas las chimeneas que hemos encontrado a lo largo del año, empezamos en Galayos y terminamos en el Picu, sin embargo, estoy demasiado feliz para recordar los angustiosos y lisos esfuerzos necesarios para avanzar en oposición por los costados del granito y parto decidido al lio. Esta tirada es sencilla, buenos agarres y poca exposición, por el encajonamiento, hacen de este tramo una entretenida escalada.
Despues de los metros de rigor, al llegar a la reunión, justo en la cima del caprichoso gendarme, los Picos de Europa me obsequian con sus mejores galas, el cielo y el mar han decido sentarse en la tribuna más lejana para contemplar el espectaculo geológico de la cordillera en toda su grandeza. El Sol ha conseguido establecerse donde se merece e ilumina un conjunto de colores y formas que llevare conmigo para siempre. Que ricos somos los pobres, solo es necesario saber donde buscar.
Cuendo llega Fusta aprovechamos tomar una fotografias y sobre todo para exprimir el mundo que nos rodea, no es para menos, estamos en un trono privilegiado, exultantes de alegría y con ganas de transformar esta escalada en uno de los momentos mas memorables de nuestras vida.
Entre tanta parafernalia mi compañero continua con el, a simple vista tedioso, ritual y se dispone a atacar el siguiente largo. Este es un poco mas complicado (V), la primera sección supera una plaquita para encarar por la izquierda un pequeño diedro. Estos son los primero metros de nuestro Picu en que el vacio y las chovas son las compañeras de andanzas, por todos lados te asedia la sensación de ingravidez y surrealismo, propia de estar avanzando por la vertical y no por la horizontal, un capricho...Con temple y maestría Fusta supera exitosamente cada dificultad planteada por el bravio monolito y me lo hace saber con el familiar grito de reunión.
Siguiente largo para mi, armado de cacharros dirijo mis movimientos a alcanzar un nicho donde protejo a discreción, desde alli es necesario navegar por una placa sencilla (IV/IV+), siempre buscando los mejores asideros y apoyos pues la exposición de este largo juega un papel psicológico que puede chafar la ilusión de la escalada.
Sin embargo, un poco de sesera soluciona cualquier paso. Termino en una gran repisa que debere continuar hacia la izquierda y montar relevo en un tinglado de rapel equipado último modelo. Se trata del escape de la cara este, que sigue el recorrido de otro futuro proyecto vertical, Espejismos de Verano. En este punto, despues de charlar un poco de la impresionante situación en la que estamos, optamos por empalmar dos largos sencillos y cortos antes de las últimas dificultades de la vía. Fusta el encargado de lidiar con esta pequeña licencia alpina.
Es común que cuando intentamos innovar nos metamos en lios, esta vez no será diferente, mi arrojado compañero, en su impetu montañero, se pasa la repisa donde estan los clavos instalados, asi que asciende por un diedro, parte de la siguiente tirada. Mientras Fusta busca la esquiva reunión, observo por el rabillo del ojo un espídico manchon negro que da veloces tumbos por la repisa, al principio me mosqueo pero de repente, debajo de una piedra, aparece un simpático compañero, un ratoncito montañero, no se como ha llegado alli, pero mueve el hocico y me mira como si estuviera invadiendo su jardín. A todo esto, los gritos de mi compañero me sacan de las ensoñaciones tipo Saint Exupery, se ha decidido por montar una reunión alternativa en una buena fisura que corta perpendicularmente un gran diedro, principal protagonista del largo que me iba a tocar escalar, una pena. Aún asi, los pocos metros que me quedan son una maravilla, aparecen por primera vez para mi los famosos tubos de organo, uno de los rasgos que han hecho ilustre la escalada en los Picos de Europa, un capricho geológico que el agua ha labrado pacientemente para el placer de los escaladores.
Bueno, despues de unas cuantas horas de actividad, aunque han parecido segundos, nos plantamos bajo el "Rompetobillos". No se ve tan amanezador, sobre todo por culpa del spit que protege el paso. Es Fusta el encargado de la faena de esta tarde, no se amedrenta en absoluto y comienza la bella coreografía que descifrará la combinación para alcanzar el tesoro, es decir, la ansiada cumbre. Despues de arramplar con el ultimo escoyo toca atravesar la ventana que aparece a nuestra izquierda y que conecta la cara este con la sur. Una forma poco elegante de terminar este precioso y natural trazado en la caliza norteña.
Ya solo queda una sencilla trepada hasta la cumbre. Siguiendo una visible canal, y teniendo cuidado de no tirar piedras a las cordadas que vienen detrás, me adelanto a Fusta y llegando a la cima tomo la estatua de la virgen y la alzo como si fuera el trofeo por haber realizado la ascensión. Al poco rato llega mi compañero, el cansancio deja paso a la felicidad de estar en tan privilegiado emplazamiento.
Desde aqui los Picos de Europa nos muestran su personalidad más agreste, estas montañas no acarician el cielo, lo muerden con violencia. Estar aqui es como estar en las celdas de los observadores de tiburones, solo que sin barrotes, afiladas agujas, esbeltas torres, profundos abismos, senderos nerviosos, la perspectiva del mundo desde aqui es sobrecogedora. Las nubes danzan a nuestro alrededor, el mar sigue alli, incólume, intentando ganarle la partida al cielo, nosotros podremos ver tan intenso enfretamiento desde el palco presidencial. Es realmente hermoso lo que contemplan nuestros sentidos. En la cumbre nos hemos encontrados con otros dos escaladores madrileños que también están de estreno en el Urriellu, los cuatros formamos una de las fiestas más felices a la que haya asistido jamás, los cascos podrían transmutarse perfectamente en capirotes de cumpleaños pues reimos como niños y la guasa inunda las alturas del Picu. Trás una hora y media en la cumbre, mas o menos, que se nos hicieron cortísimas decidimos volver a la seguridad de la horizontalidad, asi que tiramos para abajo. Será necesario regresar por donde vinimos y montar tres rápeles, si tienes cuerda de 60 metros, para alcazar la base de la cara sur, desde aqui tomar el camino de la Canal de la Celada hasta el refugio.
Ya allí, por fin, la jornada ha sido larga pero ha merecido la pena, hemos cumplido con nuestro contrato pero sobre todo hemos cumplido con una vieja y linda ilusión, la de medir nuestras capacidades con uno de las pedrolos más bellos que la naturaleza ha puesta en la Tierra, quien si para vigilarnos o para enamorarnos. Mucho monte!!!